Las rabietas de los pelotaris

27 / 07 / 2010 (El Correo - Tino Rey)

Como la de Irujo en Rentería, la historia de la pelota contempla innumerables lesiones por no saber perder

Hay deportistas de sangre caliente que en el fragor de la batalla convierten su estado anímico en un volcán en erupción. Y si salen derrotados sus reacciones suelen ser inmpredecibles. Camino de vestuarios arremeten contra todo que se les pone por delante. Un elemento con el que suelen pagar habitualmente su iras son las puertas de acceso a las duchas.

Juan Martínez de Irujo tiene un perder muy heterógeneo. Cuando el navarro considera que sus intereses se han visto perjudicados monta en cólera. La semana pasada en Rentería, donde reapareció después de unas merecidas vacaciones, se quedó en 11 míseros tantos y ese varapalo estimuló su bestia negra.

Parece ser que el epicentro del disgusto fue el material y el cestaño, que suele ser el muro habitual de las lamentaciones y al que se alude habitualmente para maquillar las sonoras derrotas. En Rentería, cuando el campeón de Ibero entró en vestuarios golpeó con fuerza una puerta, que era de okumen, y se produjo un corte inciso de unos cuatro centímetros en el dorso de su mano derecha. Fue trasladado a la Clínica San Miguel de Pamplona, en la que, bajo anestesia local, se le aplicaron diez puntos de sutura. Su cólera la ha pagado a un alto precio. Martínez de Irujo tuvo que suspender tres partidos concertados por su empresa y probablemente se perderá la cita que tenía concertada mañana en los trinketes de Iparralde. Ayer pasó consulta con el doctor, Txema Urrutia.

«La herida tiene buen aspecto, muestra un pequeño hinchazón en los bordes de la misma, pero eso es completamente lógico», declaró el médico. «Para mañana -por hoy martes- le he recomendado que tome contacto con la pelota para comprobar las sensaciones que tiene. Estoy convencido que si no está para jugar para el miércoles (mañana) estará en disposición de hacerlo el fin de semana», añadió.

Según los allegados del pelotari de Ibero, «Juan está de una mala leche que trina. Además de verse apartado de los frontones por una niñería, le va a costar la broma unos cuantos miles de euros». En su empresa tampoco ha gustado esta actuación. «Nos ha roto los compromisos que teníamos concertados con ciertos ayuntamientos y eso no es de nuestro agrado».

Una odisea

Sin embargo, el suceso de Martínez de Irujo no es un caso aislado. Desde la prehistoria de la pelota las fuertes debacles han venido siendo fuente de estallidos de fiereza. Uno de los zagueros con más predicamento del firmamento pelotístico, Julián Lajos, montaba cada zapatiesta de impresión. Un día le atizó un patadón a una puerta, en la que dejó incrustado el pie, y el sacárselo fue toda una odisea.

Julián Retegui, el número uno de los frontones, también tenía un perder muy poco caballeresco. En el Ogueta, en un partido de la feria de La Blanca, protagonizó un hecho que fue muy comentado por la familia pelotazale. Le dieron una falta que el juez consideró "atxiki" y su reacción resultó contundente y desconcertante. Tras zarandear al trencilla, agarró una silla de la contracancha y la estampó airadamente contra el frontis. No quedó ni un tornillo sujeto a la madera.

Otro ilustre que tiene un larg o catálogo de incidencias es el bueno de Mikel Goñi. Cada vez que el cartón veintidós le daba la espalda montaba la marimorena. Muchas puertas de los vestuarios tienen impresa las huellas de su ira. Varios pelotaris se han fracturado el dedo gordo del pie al golpear la pelota con violencia tras perder un partido o incluso un tanto.